RECITAL TERESIANO

Recital de poemas cantados de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Ana de San Bartolomé sobre música popular española del siglo XVI

Los poemas

VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ - TERESA DE JESÚS

Poema que refleja maravillosamente el sentir teresiano: la total entrega del alma enamorada, como dúctil barro, en las manos del Amado.

Existe un párrafo en el Libro de su Vida en el que Santa Teresa desvela el ansia que sentía por ponerse plenamente al servicio del Señor, y donde escribe, textualmente, las palabras vuestra soy y disponed de mí que desarrolla, como un soliloquio, en este bello poema:

Ordenad vos, Señor, cómo fuereis servido, cómo esta vuestra sierva os sirva en algo. Mujeres eran otras y han hecho cosas heroicas por amor de vos. Yo no soy para más de parlar. Y así no queréis vos, Dios mío, ponerme en obras. Todo se va en palabras y deseos cuanto he de servir; y aun para esto no tengo libertad, porque por ventura faltara en todo. Fortaleced vos mi alma y disponedla primero, Bien de todos los bienes y Jesús mío, y ordenad luego modos cómo haga algo por vos, que no hay ya quien sufra recibir tanto y no pagar nada. Cueste lo que costare, Señor, no queráis que vaya delante de vos tan vacías las manos, pues conforme a las obras se ha de dar el premio. Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad. Todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a la vuestra. Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo; más, llegada a vos, subida en esta atalaya adonde se ven verdades, no os apartando de mí, todo lo podré (Vida 21, 5).

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues Vos me criasteis,
Vuestra soy, pues me redimisteis,
Vuestra, pues me llamasteis y esperasteis:
¿Qué mandáis hacer de mí?

En vuestra Palma el corazón,
Mi cuerpo, mi vida y mi alma.
Mi Dulce Esposo, vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
Dadme consuelo o desconsuelo,
Dad vida dulce, o dadme sol sin velo:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si Vos queréis, dadme oración;
Si no, dadme gran sequedad,
Si abundancia o esterilidad:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme, pues, gran sabiduría,
O, por amor,  dadme ignorancia;
Dadme abundancia o hambre y carestía:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme la muerte o dadme vida;
Dadme salud o enfermedad,
Honra o deshonra, guerra o paz crecida,
Que a todo digo que sí...

En Camino de Perfección Santa Teresa escribe a sus hijas:

Ya sabéis que Dios está en todas partes [...] Por bajo que hable, está tan cerca que nos oirá; ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a Padre, pedirle como a Padre, contarle sus trabajos, pedirle remedios para ellos (28, 2).

Este poema ha sido adaptado a Tres Morillas, canción popular anónima recogida en el Cancionero de Palacio.

SEA MI GOZO EN EL LLANTO- TERESA DE JESÚS

Este poema también se conoce como En la profesión de Isabel de los Ángeles. Fue compuesto por Santa Teresa para ese celebrar ese evento, que tuvo lugar en el Carmelo de Salamanca en el año 1571. Precioso y delicado poema de conceptos contrapuestos: gozo/ llanto, bonanza / quebranto y su clásico muerte / vida.
A Isabel Guerra, pintora de la luz

Sea mi gozo en el llanto,
Sobresalto mi reposo,
Mi sosiego doloroso
Y mi bonanza el quebranto.

Entre borrascas mi amor
Y mi regalo en la herida,
Esté en la muerte mi vida
Y en desprecios mi favor.

Mis tesoros en pobreza
Y mi triunfo en pelear,
Mi descanso en trabajar
Y mi contento en tristeza.

Aquí estriba mi firmeza,
Aquí mi seguridad,
La prueba de mi verdad,
La muestra de mi fineza.

Poema adaptado musicalmente a Por los campos de los moros de Francisco de la Torre.

COLOQUIO DE AMOR - TERESA DE JESÚS

Este poema  es un íntimo diálogo entre el alma y Dios. Un trato de amistad que Santa Teresa recomienda encarecidamente desde las páginas del Libro de su Vida:

[...] Espero yo en la misericordia de Dios, que nadie le tomó por amigo que no se lo pagase; que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama [...]¡Oh bondad infinita de mi Dios, que me parece os veo y me veo de esta suerte! ¡Oh regalo de los ángeles, que toda me querría, cuando esto veo, deshacer en amaros! [...] Criador mío, por qué todo el mundo no se procure llegar a vos por esta particular amistad (8, 5-6).

A José Rivas Rubio, mi padre.
Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo;
Decidme en qué me detengo,
O Vos, en qué os detenéis.

- Alma, ¿qué quieres de Mí?
- Dios mío, no más que verte.
-¿Y qué temes más de ti?
-Lo que más temo es perderte.

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
Para hacer un dulce nido
Adonde más le convenga.

Un alma en Dios escondida,
¿Qué tiene que desear,
Sino amar y más amar,
Y, en amor toda encendida,
Tornarte de nuevo amar?

Poema adaptado a la canción de Juan del Enzina, Si habrá en este baldrés.

NADA TE TURBE - TERESA DE JESÚS

Poema consolador y edificante, cuyos versos destilan serenidad y sosiego en medio de las tribulaciones del mundo. A lo largo del poema se desarrollan cada uno de los versos de la primera estrofa, aludiendo al carácter pasajero de la vida y animando a elevar el espíritu por encima de los pasatiempos banales.
En sus grandes obras, Santa Teresa escribió a sus hijas frases relacionadas con el sentir de este poema. En Camino de Perfección:
Gran remedio es para esto traer de continuo en el pensamiento la vanidad que es todo y cuán presto se acaba, para quitar las afecciones de las cosas que son tan baladíes y ponerla en lo que nunca se ha de acabar (Camino 10, 1-2).
Y en el Libro de las Fundaciones:
Porque vida es vivir de manera que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida [...] Pues, ¿a qué se puede comparar la paz interior y exterior con que siempre andáis? En vuestra mano está vivir y morir con ella (27, 12).
[...] Hale pagado bien el Señor, que, sin saber cómo, se halló con aquella libertad de espíritu tan preciada y deseada que tienen los perfectos, adonde se halla toda la felicidad que en esta vida se puede desear; porque, no queriendo nada, lo poseen todo. Ninguna cosa temen ni desean de la tierra, ni los trabajos las turban, ni los contentos las hacen movimiento; en fin, nadie la puede quitar la paz, porque ésta de sólo Dios depende(5,7).

Nada te turbe,
Nada te espante;
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta.
Solo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
Al cielo sube;
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
Con pecho grande;
Y venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámale cual merece
Bondad inmensa;
Pero, no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
Mantenga el alma;
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo,
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Solo Dios basta.

Al final del Libro de su Vida, con mirada retrospectiva, Santa Teresa reflexiona sobre el estado de serenidad que ha alcanzado después de tantas y tan duras batallas consigo misma y con su entorno:

Dame consuelo oír el reloj, porque me parece me allego un poquito más para ver a Dios de que veo ser pasada aquella hora de la vida [...] Miro como desde lo alto, y dáseme ya bien poco de que digan ni se sepa [...] Y hame dado una manera de sueño en la vida, que casi siempre me parece estoy soñando lo que veo; ni contento ni pena, que sea mucha, no la veo en mí. Si alguna me dan algunas cosas, pasa con tanta brevedad, que yo me maravillo y deja el sentimiento como una cosa que soñó. Y esto es entera verdad; que, aunque después yo quiera holgarme de aquel contento o pesarme de aquella pena, no es en mi mano, sino como lo sería a una persona discreta tener pena o gloria de un sueño que soñó; porque ya mi alma la despertó el Señor de aquello que, por no estar yo mortificada ni muerta a las cosas del mundo, me había hecho sentimiento y no quiere su Majestad que se torne a cegar. (40, 20-22).

Cuando Santa Teresa murió tenía en su breviario una estampa con la primera estrofa de este poema; esa estampa aún la conservan las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes.

Este famoso poema ha sido adaptado a Decidle al caballero de Diego Pisador.

SI VES MI PASTOR - ANA DE SAN BARTOLOMÉ

Este es uno de los más bellos y entrañables poemas de la Beata Ana de San Bartolomé. Lo compuso durante su priorato en París, cuando atravesaba una profunda crisis que ella misma denomina “noche oscura”. Fue uno de los periodos más duros en la vida de la Beata ya que se enfrentó a sus superiores franceses, ajenos a la Orden del Carmen, por mantenerse fiel al carisma teresiano. Todo el poema es una especie de dulce reclamo a su Esposo y Señor en esas horas de intensa tribulación. Es el único que la Beata dejó escrito en su Autobiografía:

Mi alma andaba como una noche oscura [...] Y estando una vez en mi celda con estas aflicciones, hice estas coplas que no sé cómo me vino a la memoria, que me entretuve con ellas (AA 13, 22)

Si ves mi pastor,
Háblale, Llorente,
Dile mi dolor,
Mira si lo siente.

Dilo con cuidado
Y bien dicho, pastor,
Que por qué ha cerrado
Así mi corazón,
Y siendo el Señor
Así se me ausente.

Dile mi dolor
Mira si lo siente.

 Si ves mi pastor,
Háblale, Llorente,
Dile mi dolor,
Mira si lo siente.

Y si me ha entendido,
¿Cómo no responde
A un triste suspiro
Si es cierto le oye?;
Y eso más me pone
Triste y con temor.

Dile mi dolor,
Mira si lo siente.

Dile que a qué hora
Quiere que le aguarde,
Que él mismo la escoja
Y que me lo mande,
Y que yo le halle
Como a mi pastor.

Dile mi dolor
Mira si lo siente.

Si ves mi pastor,
Háblale, Llorente,
Dile mi dolor,
Mira si lo siente

Poema adaptado a Más vale trocarde Juan del Enzina.

DOS PALOMAS VUELAN HOY - ANA DE SAN BARTOLOMÉ

A ejemplo de Santa Teresa también la Beata Ana de San Bartolomé componía cantos para celebrar ocasiones importantes de la vida en comunidad. Este poema lo escribió para festejar la profesión religiosa de dos carmelitas descalzas en su convento de Amberes: dos mujeres más que con su entrega continuaban la obra iniciada por la Santa, dos nuevos eslabones de una larga cadena que no se ha roto en cinco siglos.

Realmente, a menudo Santa Teresa llamaba a sus conventos palomarcitos. Así lo hace en uno de los capítulos del Libro de las Fundaciones donde se dirige a las futuras generaciones de carmelitas descalzas indicándoles la gran importancia del desasimiento para que, cual palomas, aligeren el peso de sus alas e inicien el soñado vuelo del espíritu hacia su Criador:

Pues, comenzando a poblarse estos palomarcitos de la Virgen nuestra Señora, comenzó la divina Majestad a mostrar sus grandezas en estas mujercitas flacas, aunque fuertes en los deseos y en el desasirse de todo lo criado, que debe ser lo que más junta el alma con su Criador [...] Esto es lo que veo ahora y con verdad puedo decir. Teman las que están por venir y esto leyeren, y si no vieren lo que ahora hay, no lo echen a los tiempos, que para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve siempre es tiempo, y procuren mirar si hay quiebra en esto y enmendarla (4, 5).

Santa Teresa consideraba básico para el buen discurrir de su Carmelo que cada monja, al entrar en sus conventos, se sintiese cimiento vivo de su obra por muchos años que hubiesen transcurrido desde la fecha de fundación:

Oigo algunas veces de los principios de las órdenes decir que, como eran los cimientos, hacía el Señor mayores mercedes  a aquellos santos nuestros pasados. Y es así, mas siempre habían de mirar que son cimiento de los que están por venir. Porque, si ahora los que vivimos no hubiésemos caído de lo que los pasados, y los que viniesen después de nosotros hiciesen otro tanto, siempre estaría firme el edificio. ¿Qué me aprovecha a mí que los santos pasados hayan sido tales, si yo soy tan ruin después, que dejo estragado con la mala costumbre el edificio? Porque está claro que los que vienen no se acuerdan tanto de los que ha muchos años que pasaron, como de los que ven presentes. Donosa cosa es que lo eche yo a no ser de las primeras, y no mire la diferencia que hay de mi vida y virtudes a la de aquellos a quien Dios hacía tan grandes mercedes.

¡Oh, válgame Dios, qué disculpas tan torcidas y qué engaños tan manifiestos! (4, 6-7).

En este delicado poema la Beata utiliza, significativamente, el símil de las novicias como dos palomas. Un entrañable canto para dos nuevas carmelitas descalzas que, tras la solemne ceremonia, se convertían en destinatarias del imperecedero mensaje de la Santa.

 A Paloma Martín Sevilla, nuestra paloma de altos vuelos

Dos palomas vuelan hoy
Con un vuelo soberano
Hasta el nido del amor,
Adonde se han reposado.

En el nido se han entrado
Buscando ya su vivir,
Porque más quieren morir
Que vivir lo acostumbrado.

El amor las ha topado
Y las quiere para sí;
En su pecho es su vivir,
Y en él se han reposado.

En este vuelo tan alto
¿Quién les ha dado la fuerza?
El amor tiró la flecha
Con que las ha enamorado.

Muy feliz sería Ana de San Bartolomé fundando nuevos Carmelos y continuando la obra de Teresa de Jesús. Muchas fueron las veces que en Francia y Flandes dio el hábito a jóvenes que se convirtieron en cimiento vivo de la obra teresiana.
Poema adaptado a Por unos puertos arriba de Antonio Ribera.

SUMA DE PERFECCIÓN - JUAN DE LA CRUZ

Letrillas compuestas por San Juan de la Cruz para enaltecer el desasimiento de todo lo terrenal y aspirar sólo a lo divino. Este mensaje sanjuanista subyace en el trasfondo de toda su obra y también palpita en muchas de sus cartas, como en la que envió a la priora de Córdoba:

De lo temporal de esa casa no querría que tuviese tanto cuidado, porque se irá Dios olvidando de ella y vendrán a tener mucha necesidad temporal y espiritualmente. Arroje, hija, en Dios su cuidado y la criará, que el que da y quiere dar lo más no puede faltar en lo menos. Y si antes deseaba pobreza, ahora que es prelada la ha de desear y amar mucho más; porque la casa más la ha de gobernar y proveer con virtudes y deseos vivos del cielo que con cuidados y trazas de lo temporal y de tierra, pues nos dice el Señor que ni de comida ni vestido del día de mañana nos acordemos. Lo que ha de hacer es procurar traer su alma y las de sus monjas en toda perfección y religión unidas con Dios, olvidadas de toda criatura y respeto de ella, hechas todas en Dios y alegres con sólo Él, que yo le aseguro todo lo demás (20-7-1590).
O en otra enviada a la venerable Ana de Jesús, a quien tanto apreciaba:

Para guardar el espíritu, como he dicho, no hay mejor remedio que padecer y hacer y callar, y cerrar los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo. Nunca, por bueno ni malo, dejar de aquietar su corazón con entrañas de amor (22-11-1587).
A Marien Caballero, mi madre

Olvido de lo criado,
Memoria del Criador,
Atención a lo interior
Y estarse amando al Amado.

Esta letrilla ha sido adaptada al anónimo sefardí Las estrellas de los cielos.

¿QUIÉN OS TRAJO ACÁ, DONCELLA? - TERESA DE JESÚS

También llamado A la vestición de Sor Jerónima. Coplilla compuesta por Santa Teresa para celebrar la toma de hábito de Jerónima de la Encarnación -familiar del cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo e inquisidor general- que tuvo lugar en el Carmelo de Medina del Campo en el año 1575. En la adaptación musical este poema comienza y termina con una nota sostenida que crece y se desvanece a modo de llamada o lamento.

-¿Quién os trajo acá, doncella,
Del valle de la tristura?
-Dios y mi buena ventura.

Poema adaptado musicalmente a Yo con vos, señora, Anónimo del Cancionero de Palacio.

VÉANTE MIS OJOS - POPULAR ESPAÑOL

Fieles a la tradición, escrita y oral, del Carmelo, el disco engarza dos piezas que siempre han estado entrañablemente unidas en la historia del Carmelo Descalzo: el cantarcillo popular Véante mis ojos y el famoso poema teresiano Vivo sin vivir en mí.

Véante mis ojos es una coplilla profana, amatoria, vuelta a lo divino. Aunque Santa Teresa no fue la autora de su sublimación a lo divino, esta coplilla popular está ligada a una de sus más conocidas y documentadas vivencias.

Cuando Santa Teresa de Jesús pasaba la Semana Santa de 1571 en su convento de Salamanca, concretamente el domingo de Pascua de Resurrección, al escuchar a la joven novicia  Isabel de Jesús entonar este cantarcillo entró en un profundo éxtasis, uno de los muchos que jalonaron su azarosa vida, y, al salir de él, escribió un poema de talante muy subido que tradicionalmente se ha vinculado con el poema Vivo sin vivir en mí. Este entrañable episodio está ampliamente documentado ya que, al día siguiente, la Santa lo escribió en su Cuenta de Conciencia nº 13:

Todo ayer me hallé en gran soledad [...] Anoche, estando con todas, dijeron un cantarcillo de cómo era recio de sufrir vivir sin Dios. Como estaba ya con pena, fue tanta la operación que me hizo, que se me comenzaron a entumecer las manos; y no bastó resistencia, sino que como salgo de mí por los arrobamientos de contento, de la misma manera se suspende el alma con la grandísima pena, que queda enajenada.

Aquella joven novicia, a quien desde entonces la Santa llamaba cariñosamente la de la linda voz, declaró dos veces en los Procesos de Beatificación y Canonización de su santa Madre, dejando constancia directa de este acontecimiento.

La primera vez Isabel de Jesús declaró:

Otra vez, oyendo cantar a esta testigo unas coplillas que trataban del sentimiento de la ausencia de Dios, se quedó de tal manera arrobada, que al cabo de muy gran rato la vio llevar esta testigo a algunas asida de entrambas partes, casi como en peso, a su celda. Lo que allá pasó no vio por ser entonces novicia, y había en esto gran recato; otro día después de medio día la vio salir, que aún parecía no estaba vuelta del todo en sí; y después por un escrito de la misma madre Teresa de Jesús, se vio haberla hecho Nuestro Señor una grandísima merced, cree ser esto lo que vio esta testigo, por ser el mismo día que la Madre dice en su papel haberle acontecido, y con la misma ocasión y a la misma hora (Declaración de Isabel de Jesús, Salamanca, 3 de enero de 1592. BMC, t. 20, p. 120.).

En la segunda declaración Isabel de Jesús tenía aproximadamente setenta y un años y volvió a rememorar este acontecimiento:

Ser esta testigo la religiosa que cantaba y decía a la dicha santa Madre la canción que refiere este artículo y pregunta; por lo cual después muchas otras veces que la Santa veía a esta testigo y pasaba por el convento donde ella residía, la solía decir: “hija, venga acá, cánteme aquellas coplitas”; lo cual es así verdad, pública voz y fama y común opinión acerca de todas las personas que de ello han tenido y tienen noticia (Item. 20 de julio de 1610. BMC, t. 20, p. 133.).

Otra carmelita, testigo del suceso, también aludió a él en su declaración:

Siendo la hermana Isabel de Jesús recién venida a esta dicha casa, la mandó llamar la dicha madre Teresa de Jesús, y dijo que quería ver qué voz tenía, y ella cantó unas coplitas del sentimiento de la ausencia de Dios, y con esto oyó decir que se había quedado la dicha Madre por grande espacio  arrobada, y por el gran recato que había y por ser novicia no sabe más esta testigo lo que después pasó (Declaración de Juana de Jesús, Salamanca 3 de enero de 1592. BMC, t. 18, p. 57.).

En Salamanca aún se conserva la casa donde Santa Teresa vivió este famoso éxtasis. Hoy en día pertenece a Congregación de las Siervas de San José que cuidan con veneración y esmero este recinto, verdadera reliquia teresiana. Una placa colocada en 1876 conmemora este entrañable acontecimiento:

El día 15 de abril de 1571, domingo de Pascua de Resurrección, tuvo aquí un éxtasis doloroso que al día siguiente le inspiró la celebrada glosa: Vivo sin vivir en mí.

Véante mis ojos, dulce Jesús bueno,
Véante mis ojos, muérame yo luego.

Vea quien quisiere rosas y jazmines
Que si yo os viere, veré mil jardines;
Flor de serafines, Jesús Nazareno,
Véante mis ojos, muérame yo luego.

No quiero contento, mi Jesús ausente,
Pues todo es tormento para quien esto siente;
Sólo me sustente tu amor y deseo:
Véante mis ojos, muérame yo luego.

VIVO SIN VIVIR EN MI - TERESA DE JESÚS

Así se titula este poema conservado en el manuscrito 525 de la Biblioteca Provincial de Toledo. Otros códices lo nombran Aquesta divina prisión. Santa Teresa transforma a lo divino una letrilla profana popular: Vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero, / que muero porque no muero. La tradición de Carmelo Descalzo relaciona este poema con el escrito en 1571 por Santa Teresa, en su convento de Salamanca, tras el éxtasis que experimentó al escuchar el cantarcillo Véante mis ojos.

Vivo sin vivir en mí,
Y tan alta vida espero,
Que muero porque no muero.

Aquesta divina unión
Del amor en que yo vivo,
Ha hecho a Dios mi cautivo
Y libre mi corazón.
Y causa en mí tal pasión
Ver a Dios mi prisionero,
Que muero porque no muero.

¡Ay qué larga es esta vida!,
¡Qué duros estos destierros,
Esta cárcel, estos hierros,
En que el alma está metida!.
Sólo esperar la salida
Me causa  dolor tan fiero,
Que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte:
Vida, no me seas molesta;
Mira que sólo te resta,
Para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
Venga el morir muy ligero,
Que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
Que es la vida verdadera,
Hasta que esta vida muera,
No se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
Viva muriendo primero,
Que muero porque no muero.

En algunos pasajes del Libro de la Vida la pluma teresiana describe, afanosamente, esta vida terrenal como una cárcel y señala con énfasis cómo el alma, cuando sale de sí en los arrobamientos, se libera y vislumbra la vida verdadera:

¡Oh; qué es un alma que se ve aquí haber de tornar a tratar con todos, a mirar y ver esta farsa de esta vida tan mal concertada, a gastar el tiempo en cumplir con el cuerpo, durmiendo y comiendo!, todo la cansa, no sabe cómo huir, vése encadenada y presa. Entonces siente más verdaderamente el cautiverio que traemos con los cuerpos y la miseria de la vida; conoce la razón que tenía san Pablo de suplicar a Dios le librase de ella (Rom 7,24); da voces con él, pide a Dios libertad, como otras veces he dicho; mas aquí es con tan ímpetu muchas veces, que parece se quiere salir el alma del cuerpo a buscar esta libertad, ya que no la sacan. Anda como vendida en tierra ajena, y lo que más la fatiga es no hallar muchos que se quejen con ella y pidan esto, sino lo más ordinario es desear vivir. ¡Oh; si no estuviésemos asidos a nada, ni tuviésemos puesto nuestro contento en cosa de la tierra, cómo la pena que nos daría vivir siempre sin él templaría el miedo de la muerte con el deseo de gozar de la vida verdadera!.

Considero algunas veces, cuando una como yo, por haberme el Señor dado esta luz con tan tibia caridad y tan incierto el descanso verdadero, por no lo haber merecido mis obras, siento tanto verme en este destierro muchas veces, ¿qué sería el sentimiento de los santos?; ¿qué debía pasar san Pablo y la Magdalena y otros semejantes, en quien tan crecido estaba este fuego de amor de Dios? Debía ser un continuo martirio.

Paréceme que quien me da algún alivio y con quien descanso de tratar son las personas que hallo de estos deseos; digo deseos con obras; digo con obras, porque hay algunas personas que –a su parecer- están desasidas, y así lo publican, y había ello de ser, pues su estado lo pide y los muchos años que ha que algunas han comenzado camino de perfección; mas conoce bien esta alma desde muy lejos los que lo son de palabras, o los que ya estas palabras han confirmado con obras. Porque tiene entendido el poco provecho que hacen los unos y el mucho los otros, y es cosa que a quien tiene experiencia lo ve muy claramente (Vida 21, 6-7).

San Juan de la Cruz también compuso un poema glosando a lo divino la misma copla popular, llamado Coplas del alma que pena por ver a Dios o también conocido, como el de la Santa, por el verso inicial Vivo sin vivir en mí, lo que establece la posibilidad de un nexo entre las composiciones de los dos Santos.

¡OH, DULCE JESÚS!-ANA DE SAN BARTOLOMÉ

Poesía lírica de tan sólo ocho versos que refleja un íntimo y entrañable diálogo con Dios y que corresponde, como el poema Si ves mi pastor,a la época de grandes tribulaciones que la Beata vivió durante sus últimos años en Francia, a causa de sus profundos desacuerdos con el cardenal Bérulle por su manipulación del carisma teresiano.
¡Oh, dulce Jesús,
Nuestro bien y gozo!
Dadme vuestra luz,
Mírenme tus ojos.

Jesús me miró
Y yo le miré.
Díjome: “Yo, yo
Por tí moriré”

Poema adaptado musicalmente a Pensad, oran al, obra anónima conservada en el Cancionero de Palacio.

LA FONTE - JUAN DE LA CRUZ

Este poema, de origen profano, también titulado Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe o Aunque es de noche fue vuelto a lo divino por San Juan de la Cruz en 1578, durante su penoso cautiverio en Toledo, cuando tenía treinta y cinco años. El pobre fraile encarcelado expresa su sentimiento de que Dios es la fuente de agua viva que siempre mana y corre en su interior, aunque no perciba su fluir en la noche, en las tinieblas de la vida.

A Félix Herrero, por su apoyo
¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
Aunque es de noche¡

Aquella eterna fonte está escondida,
Qué bien sé yo dó tiene su manida,
Aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
Mas sé que todo origen della viene,
Aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella
Y que cielos y tierra beben della,
Aunque es de noche.

Su claridad nunca es oscurecida,
Y sé que toda luz de ella es venida,
Aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
En este vivo pan por darnos vida,
Aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
Y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
Porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo,
En este pan de vida yo la veo,
Aunque es de noche.

Este poema ha sido adaptado a Recercada quinta de Diego Ortíz.

ZAGALAS, ¿Y QUÉ BUSCÁIS?- ANA DE SAN BARTOLOMÉ

El manuscrito de esta poesía se halla en las Carmelitas Descalzas de Chichester (Inglaterra). Por la grafía de la Beata se data en torno a los años 1618-1623. Seguramente la compuso para celebrar la toma de hábito de dos jóvenes en el Carmelo de Amberes. En esta ocasión las novicias están simbolizadas en las zagalas que abandonan su vida anterior y su vestimenta mundana por la austeridad y el rudo sayal del hábito carmelita. Son versos que reflejan el sentir teresiano del claustro como libertad y la austeridad como riqueza.

A las Carmelitas Descalzas de Amberes
Zagalas, ¿y qué buscáis
En esta vida tan nueva?
¡Y vestís nueva librea!
Doyme a Dios si vos no amáis.

El amor no os da lugar
A escuchar tantas razones
Como los del mundo os ponen
Queriéndoos perturbar.
¡Oh, qué engañados están
De que vuestra suerte es buena!;
¡Y vestís nueva librea!
Doyme a Dios si vos no amáis.

¡Dichosa la amistad
Del maestro que os enseña!
Pues dejáis la libertad
Y tomáis la vida estrecha,
Y en lugar de pura seda
Os vestís gordo sayal.
¡Y vestís nueva librea!
Doyme a Dios si vos no amáis.

Como los ciervos saltáis
Subiendo las altas sierras
Sin temer las penitencias
Que son duras de llevar.
¿Quién os da tal fortaleza
Siendo de tan tierna edad?
¡Y vestís nueva librea!
Doyme a Dios si vos no amáis

Poema adaptado musicalmente a la obra de Luis Milán Falai, miña amor.

EN LA FIESTA DE LOS REYES- TERESA DE JESÚS

Villancico pastoril compuesto para celebrar la Navidad, específicamente el día de Reyes, ya que Santa Teresa gustaba especialmente de componer coplas para cantarlas en las recreaciones navideñas. El gran teresianista Tomás Álvarez OCD, halló el manuscrito de los doce primeros versos de este poema en el archivo conventual de las Carmelitas Descalzas de Savona (Italia). Allí debieron llegar del Carmelo de Génova, primera fundación fuera de la península realizada por una carmelita muy apreciada por Santa Teresa, Jerónima del Espíritu Santo, en 1590. Consta que ella llevó personalmente de España algunas reliquias y otras le fueron enviadas por Ana de San Bartolomé desde Flandes. Los autógrafos de los poemas llegaron por una de estas vías a Italia. A finales del siglo XVIII la invasión napoleónica obligó a las carmelitas de Génova a refugiarse en el Carmelo de Savona y allí se quedaron algunas valiosas reliquias, entre ellas la hoja que contiene parte del manuscrito de este famoso villancico teresiano.

En estos versos abundan referencias pastoriles: las monjas como la manada, la Virgen como la Gran Zagala, Llorente como el pastor o Garzón como el Niño Dios.

Pues que la estrella
Es ya llegada,
Vaya con los Reyes
La mi manada.

Vamos todos juntos
A ver al Mesías,
Que vemos cumplidas
Ya las profecías.
Pues en nuestros días
Es ya llegada,
Vaya con los Reyes
La mi manada.

Llevémosle dones
De grande valor,
Pues vienen los Reyes
Con tan gran hervor.
Alégrese hoy
Nuestra gran zagala:
Vaya con los Reyes
La mi manada.

No cures, Llorente,
De buscar razón,
Para ver que es Dios
Aqueste Garzón.
Dale el corazón,
Y yo esté empeñada:
Vaya con los Reyes
La mi manada.

En este poema ha sido adaptado a Pedro y bien te quiero de Juan del Enzina

AYES DEL DESTIERRO - TERESA DE JESÚS

Santa Teresa en el Libro de su Vida, aunque en tercera persona, parece aludir a estas composiciones felizmente vueltas a lo divino o hechas en momentos de suspensión:

Yo sé persona que, con no ser poeta, que le acaecía hacer de presto coplas muy sentidas declarando su pena bien [...] querría ya esta alma verse libre; el comer la mata; el dormir la congoja; ve que se le pasa el tiempo de la vida en regalo y que nada ya la puede regalar fuera de vos; que parece vive contra natura, pues ya no querría vivir en sí, sino en vos (V 16,4).

¡Cuán triste es, Dios mío,
La vida sin Ti!;
Deseo morir.

Carrera muy larga
Es la de este suelo;
Morada penosa,
Muy duro destierro.
¡Oh Dueño adorado,
Sácame de aquí!;
Deseo morir.

El amor mundano
Apega a esta vida;
El amor divino
Por la otra suspira.
Sin Ti, Dios eterno,
¿Quién puede vivir?;
Deseo morir.

¡Cuán triste es, Dios mío,
La vida sin Ti!;
Deseo morir.

Mi alma afligida
Gime y desfallece.
¡Ay¡, ¿quién de su amado
Puede estar ausente?
Acabe ya, acabe,
Aqueste  sufrir;
Deseo morir.

En vano mi alma
Te busca, ¡oh mi Dueño!.
Tú, siempre invisible,
No alivias su anhelo.
¡Ay!, esto la inflama,
Hasta prorrumpir:
Deseo morir.

Haz, Señor, que acabe
Tan larga agonía.
Socorre a tu sierva,
Que por Ti suspira.
Rompe aquestos hierros,
Y sea feliz:
Deseo morir.

¡Cuán triste es, Dios mío,
La vida sin Ti!
Ansiosa de verte,
Deseo morir.

¡Cuán triste es, Dios mío,
La vida sin Ti!;
Deseo morir.

En estos versos Santa Teresa expresa magistralmente su visión de esta vida como un destierro y la muerte como una feliz liberación. En algunos pasajes del Libro de su Vida alude a ello:

[...] creciendo en mí un amor tan grande de Dios, que no sabía quién me le ponía, porque era muy sobrenatural, ni yo le procuraba. Veíame morir con deseo de ver a Dios y no sabía a dónde había de buscar esta vida si no era con la muerte. Dábanme unos ímpetus grandes de este amor que yo no sabía qué me hacer; porque nada me satisfacía ni cabía en mí, sino que verdaderamente me parecía se me arrancaba el alma [...] Quien no hubiera pasado estos ímpetus tan grandes es imposible poderlo entender (29,8-9).

e poema ha sido adaptado a la canción popular ¡Ay, triste que vengo!, de compositor anónimo, recopilada en el Cancionero de Palacio

ENTRÉME DONDE NO SUPE - JUAN DE LA CRUZ

Este poema también es conocido como Coplas del mismo hechas ante un éxtasis de harta contemplación, como figura en el códice de Sanlúcar. Los códices de Alba de Tormes y de la Biblioteca Nacional aportan un importante dato al definirlo como un éxtasis que tuvo el padre San Juan de la Cruz en Segovia. Parece ser que el Santo lo compuso a raíz del arrobamiento que tuvo en Segovia, en 1574, cuando acompañaba a Santa Teresa para llevar a cabo la fundación de su convento de Carmelitas  Descalzas de esa ciudad. San Juan canta aquí en verso algo que dice varias veces en prosa cuando alude a las mercedes que concede Dios a algunas almas:

Ni basta ciencia humana para saberlo entender, ni experiencia para saberlo decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir mas no decir.

Entréme donde no supe,
Y quedéme no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba,
Pero cuando allí me vi,
Sin saber dónde me estaba,
Grandes cosas entendí;
No diré lo que sentí,
Que me quedé no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
De sí mismo desfallece;
Cuanto sabía primero
Mucho bajo le parece;
Y su ciencia tanto crece,
Que se queda no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
Aqueste sumo saber,
Que no hay facultad ni ciencia
Que le puedan emprender;
Quien se supiere vencer
Con un no saber sabiendo,
Irá siempre trascendiendo.

Y si lo queréis oír,
Consiste esta suma ciencia
En un subido sentir
De la divina esencia;
Es obra de su clemencia
Hacer quedar no entiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

Poema adaptado a Enemiga le soy, madre de Juan de Espinosa.

DESPERTAD DE VUESTRO SUEÑO - ANA DE SAN BARTOLOMÉ

Poesía escrita por la Beata Ana de San Bartolomé, a modo de villancico, para festejar con alegres cantos las celebraciones navideñas. Lo compuso alrededor de 1612, poco tiempo después de llegar a Flandes y fundar el Carmelo de Amberes.

Despertad de vuestro sueño,
Mirad que ya viene el día;
Y dad posada a María
Que no la conoce el suelo.

Sola viene y sin amparo
De ninguna criatura,
Solo un hombre cansado
De ver la gente tan dura.

Hoy tenéis buena ventura,
Recibidla en el Carmelo;
Mirad que ya viene el día,
Despertad de vuestro sueño.

Poema adaptado a Señora de hermosura de Juan del Enzina.

CÁNTICO ESPIRITUAL - JUAN DE LA CRUZ

Estos cantos, a los que su autor y sus contemporáneos denominaban Las canciones, Canciones de la Esposa  o Canciones entre el Alma y el Esposo fueron muy valorados por Santa Teresa y se cantaban con fervor en los conventos teresianos. San Juan de la Cruz inició su composición durante el encarcelamiento que sufrió en la prisión conventual de Toledo. A ello aludieron en sus declaraciones, entre otros, la venerable Ana de San Alberto: Díjome “allí hice aquellas canciones que comienzan: ¿Adónde te escondiste...?” (Vida de San Juan de la Cruz. P. Crisógono de Jesús. Madrid, BAC, 1946, p. 183.). Las estrofas seleccionadas corresponden a la segunda redacción conocida como manuscrito B o de Jaén.

Estos versos reflejan cómo el alma, en soledad y abandono, sale en busca del Amado, pregunta a las criaturas y a la naturaleza, que sólo le dan vagas noticias de Él. Poco a poco va intuyendo que a quien busca está en el silencio y el sonido, en la naturaleza y el corazón, en suma: en todo.

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
Habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
Allá por las majadas al otero,
Si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
Decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
Iré por esos montes y riberas;
Ni cogeré las flores
Ni temeré las fieras,
Y pasaré los  fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras
Plantadas por la mano del Amado!,
¡Oh prado de verduras
De flores esmaltado!,
Decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando
Pasó por estos sotos con presura
Y yéndolos mirando,
Con sola su figura
Vestidos los dejó de su  hermosura.

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
No quieras enviarme
De hoy más ya mensajero,
Que no saben decirme lo que quiero.

Descubre tu presencia,
Y máteme tu vista y hermosura;
Mira que la dolencia
De amor, que no se cura
Sino con la presencia y la figura.

¡Oh cristalina fuente,
Si en estos tus semblantes plateados
Formases de repente
Los ojos deseados
Que tengo en mis entrañas dibujados!

Mi Amado, las montañas,
Los valles solitarios nemorosos,
Las ínsulas extrañas,
Los ríos sonorosos,
El silbo de los aires amorosos;

La noche sosegada
En par de los levantes del aurora,
La música callada,
La soledad sonora,
La cena que recrea y enamora.

Al comentar esta obra sanjuanista siempre se ha destacado la ausencia de adjetivación en las diez primeras estrofas, en las que domina el ansia dolorosa por la búsqueda del Amado y ninguna otra cosa importa ni merece ser descrita. Pero, cuando lo halla, eclosionan los adjetivos y, como escribió José María Pemán: 

Estalla la más espléndida sinfonía de adjetivos que se haya nunca orquestado: solitarios, nemorosos, extrañas, sonorosas, amorosas, sosegadas. Y luego los adjetivos contradictorios, trastocados, reflejos del terremoto sensorial producido en el alma: la música callada, la soledad sonora. Es que ya todo lo saborea, lo huele, lo pesa, lo palpa, gozosamente, recobrado en Dios. Cuando iba en su busca, todos los sustantivos le parecían pocos, porque todos podían ser su imagen. Ahora que le ha hallado, todos los adjetivos le parecen poco, porque todos son su resplandor.

También es especialmente aplicable a estos versos el comentario que Menéndez y Pelayo escribió acerca de la poesía sanjuanista: 

Más ardiente de pasión que ninguna poesía profana y tan elegante y exquisita en la forma y tan  plástica y figurativa como los más sabrosos frutos del Renacimiento.

La Canción del Emperador, música que acompaña a estas estrofas del Cántico Espiritual, es una adaptación del compositor Luis de Narváez sobre una pieza de raíces flamencas que, parece ser, era favorita del emperador Carlos V.

DEL VERBO DIVINO- JUAN DE LA CRUZ

Desde el mismo momento en que San Juan se involucró en la aventura teresiana conoció las coplas y villancicos que amenizaban las recreaciones y festejos de los Carmelos Descalzos, y pronto se implicó en ellos con sus propias aportaciones poéticas. Existen varios testimonios de frailes que hacen referencia al conocido gusto de San Juan de la Cruz por componer “coplas a lo divino”, especialmente en Navidad, y revelan una curiosa procesión que gustaba realizar en Nochebuena por las celdas pidiendo posada y cantando estos simbólicos versos:

Esta santa noche celebraba siempre con exceso de espíritu. Por lo que hizo en una de ellas en Granada, siendo allí prior, se verá algo de lo que hacía en las demás. Llegada la noche del santo Nacimiento, hizo poner a la madre de Dios en unas andas, y, tomada en hombros, acompañada del siervo del Señor y de los religiosos que la seguían caminado por el claustro, llegaban a las puertas que había en él a pedir posada para aquella señora cercana al parto y para su esposo, que venían de camino. Y llegados a la primera puerta pidiendo posada cantaron esta letra que el Santo compuso:  Del Verbo divino, / la Virgen preñada / viene de camino, / ¿si le dais posada?.  Y su glosa se fue cantando a las demás puertas respondiéndoles de la parte de adentro religiosos que había puesto allí, los cuales secamente les despedían. Replicábales el Santo con tan tiernas palabras, así del explicar quién fuesen los huéspedes que la pedían, de la cercanía del parto de la doncella, del tiempo que hacía y hora que era, que el ardor de sus palabras y altezas que descubría enternecía los pechos de quienes le oían y estampaba en sus almas este misterio y un amor grande a Dios.

Esta procesión y su canto se han mantenido en la tradición navideña del Carmelo Descalzo.

Del Verbo Divino,
La Virgen preñada
Viene de camino,
¿Si le dais posada?

Letrilla navideña adaptada musicalmente al anónimo sefardí Rahelica, baila.